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KENZO MIYAZAWA

El Primer Maestro Que Nos Trajo El AIKIDO A Argentina.

(1937 – 2003) El maestro Kenzo Miyazawa nació un 11 de Febrero de 1937en Chiba, Japón. Habiendo nacido en el seno de una familia tradicional y con influencia marcial, es que a la edad de 11 años se inicia en la práctica del Kenpo. Posteriormente estudió Judo y Esgrima Japonesa de la escuela Katori Shinto Ryu. Al ingresar a la universidad en Tokyo, comienza la práctica del Aikido, bajo la dirección del Gran Maestro Morihei Ueshiba. Licenciado en Ciencias Económicas viaja a la Argentina en 1964, en donde se radica en forma definitiva. Inmediatamente establecido allí, comienza la enseñanza del Aikido, siendo el introductor de dicho arte en nuestro país. Al principio solo comenzó enseñando Aikido como defensa personal en el dojo de Yamamoto Sensei y en el año 1965 inicia la enseñanza en el Instituto Kumazawa. En el año 1968 comienza la enseñanza de Taidokai Kenpo, siendo no solo su introductor sino el creador de este estilo. Paralelamente estudia Karate Do Shotokan con Itaya Sensei y se gradúa de 2º Dan. Durante varios años dio clases en distintos institutos hasta que en, finalmente, en 1981 inauguró su propio dojo en la zona de Olivos, destinado a la enseñanza de Kenpo y Aikido. Recién en el año 1992 es que funda la Asociación Argentina de Taidokai Kenpo, destinada a la práctica y difusión de dicho arte. Miyazawa Sensei obtuvo la graduación de 7º Dan Shihan de Aikido. Fue Vicepresidente de la Aikido International Federation , Presidente honorario y Asesor técnico de la Asociación Argentina de Aikido, Vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Aikido y representante del Comité Ejecutivo de la Federación MERCOSUR de Aikido. Además de dar clases en la Argentina dictaba también seminarios internacionales en países tales como Chile, Brasil, Panamá, Gran Bretaña, Polonia, Escocia, Holanda e Israel. Desgraciadamente el 5 de Octubre de 2003 a las 12:25 hs, tras padecer una grave enfermedad, fallece en su hogar emprendiendo un nuevo camino de vida en el cual su espíritu guerrero seguramente reposará hasta un nuevo comienzo. Cada vez que pisemos un Tatami, su fuerte presencia se hará sentir sin duda. Honraremos con todo nuestro corazón su enseñanza